jueves, 10 de marzo de 2011

Vida comunitaria

Creo en el ANUNCIO que es la vida comunitaria.
Tratando de vivirla con amor es muy linda, pero también difícil y dura.
En estos tiempos, en que las familias se desintegran, los compromisos matrimoniales están en crisis y se rompen muy facilmente, y más bien se busca estar juntos para la propia satisfacción -cosa que a la larga o a la corta no resulta-, nuestra vida de comunidad -paciente, perseverante y alegre- puede ser un gran testimonio y estímulo.
Creo también, profundamente, lo que nos dice Jesús (Mc.10,27): lo que para los hombres es imposible es posible para Dios.
Esta es una de las cosas, la convivencia fraterna, que se quiebra si los hombres no contamos con Dios.

viernes, 18 de febrero de 2011

Enamórate

Nada puede importar más
que encontrar a Dios.

Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.

Será lo que decida
qué es lo que te saca de la cama por la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.

¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.

----- Pedro Arrupe, SJ

martes, 9 de noviembre de 2010

Vocación.

El título de este blog, que por supuesto lo puse yo, creo que necesita alguna aclaración.
Es que pareciera una pregunta cuya respuesta tenemos que dar nosotros, o quien opine sobre lo que conviene o no conviene hoy.
Como si nos preguntáramos si es o no un anacronismo, en el mundo actual, la vida religiosa.
Al menos creo que eso es lo que quise poner.
Sin embargo, quisiera dejar bien claro, que para mí la vida religiosa es un misterio. Es exclusiva iniciativa de Dios. Yo no comprendo la mía sino como respuesta a un llamado de Dios.
No creo que es un modo de vida a elegir, sino UN LLAMADO, que en todo caso uno puede o no responder afirmativamente. Y sin ese llamado -por lo que todo queda entonces a merced de que Él lo haga o no-, no tiene sentido.

domingo, 24 de octubre de 2010

Comunidad y perdón.



Lo leí una vez en alguna parte de los escritos de Teresita del Niño Jesús. Decía algo más o menos así:
El amor de los hombres, en esta tierra, tendrá que ser siempre amor 'perdonador' (la palabra la pongo yo, porque no me la acuerdo exacta).
Siempre tendrán algo que perdonarme y siempre tendré que confirmar mi amor perdonándolo.
Siempre.
Y esto, partir de esto, es importantísimo para toda comunidad: religiosa, familiar, civil, laboral; toda comunidad.

martes, 5 de octubre de 2010

Salmo 115

“¿Cómo te pagaremos todo el bien que nos has hecho?

¡Voy a cumplir mis promesas, en la presencia de tu pueblo!”


Hoy lo cantamos en Misa.
Y, de repente, me dí cuenta: ¡el hábito religioso!.
Es eso: ‘voy a cumplir mis promesas en la presencia de su pueblo!
Nunca lo había pensado así pero cierra perfecto. El hábito como signo de alegría y respuesta alegre por todo el bien recibido: ¡cumplir mis promesas, mi consagración, a la vista de todos! ¡Gritarlo al mundo entero, porque es cantar el Don de Dios!

jueves, 2 de septiembre de 2010

Vivir en comunidad

Para los religiosos -y no es así para todos los consagrados- nuestra consagración se resuelve , se realiza, o se vive, en comunidad.
Aunque creo que en general no es algo que llame la atención, al menos para mí es lo más difícil y tal vez lo más significativo de nuestro peculiar estado de vida.
Vivimos juntas, en fraternidad, personas que no se han reunido por una amistad, parentesco, afinidad. Fuimos 'convocados'. La causa, centro y motivo de nuestra unión es JESÚS.
Las contemplativas suelen ser comunidades fijas; allí donde uno entra permanece; las apostólicas, en cambio, variamos, nos trasladan de un lugar a otro según vean los superiores.
Creo que la comunidad es el lugar donde más se vive la vida cotidiana -y se manifiesta todo nuestro 'natural', el de cada miembro- y que se hace realmente posible cuando está firmemente basada en lo 'sobrenatural'.
Es Dios el que posibilita y sostiene este encuentro.

Pienso que en el matrimonio, y la familia que deriva de él, sucede lo mismo: la vida natural se podrá dar, sobre todo, si está cimentada en el Don de Dios. De ahí el fundamento del sacramento.
El mandamiento de Jesús, que es el resumen de la vida cristiana, sólo se puede vivir desde la caridad, virtud teologal, don de Dios.

lunes, 23 de agosto de 2010

Del hábito y otras hierbas...

Cada vez le encuentro más sentido al hábito.
Es que como mi deseo profundo -aunque tantas veces no lo cumpla- es anunciar con mi vida que Dios es nuestro Padre y nos ama del todo; y por otro lado cada vez tengo más certeza de mi fragilidad, me alegra muchísimo poder anunciarlo por lo menos con mi apariencia:
Miran y dicen: Es una monja; cree en Dios. Por algo se habrá jugado la vida en eso.

Claro que, para eso, la que viste el hábito debe tener un mediano aspecto de mujer feliz y agradable… Pero con eso me parece que no tengo problema porque estoy bien contenta con la vida.

Quiero decir: si para ser anuncio de este Dios Bueno, que nos ama del todo, tengo que ser primero santa yo… vamos muertas.
En cambio así, puedo anunciarlo a los cuatro vientos sólo con mi aspecto.
Y si me conocen más, podrán ver en mí una prueba de su Amor Misericordioso que nos quiere del todo, frágiles como somos. Y también, ojalá, de mi intento de corresponder cada día más a ese Amor con el mío.